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Artículo publicado en Spanish Wine Lover

Ene 10, 2026 | Vino de Autor

foto de Xulia Bande en sus viñedos no Ribeiro

Son de Arrieiro y Xulia Bande: la mirada propia de una luchadora en Ribeiro

La trayectoria de Xulia Bande es de todo menos convencional. Ha sido profesora de gaita y saxofón, camionera, empresaria vitícola durante casi cuatro décadas, viticultora desde los 19 años y bodeguera por convicción tardía. En paralelo, ha construido —y reconstruido— un proyecto propio y muy personal en el Ribeiro, marcado tanto por la experiencia de trabajar la viña durante toda una vida como por un recorrido vital cincelado por episodios difíciles y decisiones valientes.

Mujer luchadora y de carácter generoso y noble, Xulia lanzó Son de Arrieiro con la cosecha 2014. No fue una estrategia de mercado ni una apuesta calculada, sino la evolución natural de un largo camino en el oficio. “Yo empecé a hacer vino cuando ya tenía claro cómo quería hacerlo”, asegura Xulia. Y ese “cómo” tiene mucho que ver con el territorio, con la experiencia acumulada durante décadas y con su manera de entender la viticultura.

La viña no fue inicialmente una elección. “Me crie con mis abuelos y pasé mi infancia en el campo cuando lo que quería era estar jugando en la plaza”, asegura Xulia, que nació en el valle del Arnoia. El cambio llegó cuando su abuelo enfermó y ella empezó a ayudarle. “De repente se me encendió algo. Después de que muriera mi abuelo, la viña quedó abandonada dos años pero al final volví a ella”.

Durante 38 años compaginó el cuidado de las viñas familiares con la dirección de una empresa de viticultura y enología que daba servicio a otras bodegas. Ese periodo resulta fundamental para entender Son de Arrieiro. “Fue mi gran escuela. Vi cómo se comportaba cada variedad en cada sitio, en cada suelo, en cada valle”. Trabajó en el Ribeiro, pero también en Rías Baixas y en Portugal, sobre todo los primeros años, cuando en su propia tierra no encontraba oportunidades.

Ser mujer y empezar con 19 años no allanó el camino. “No creía en mí ni el tato”, recuerda. Durante años tuvo que enviar a un trabajador mayor para cerrar los contratos. “Si iba yo, no me daban el trabajo. Eso duró hasta los 30, más o menos”. El cambio llegó cuando empezó a trabajar con Altos de Torona, en Tomiño, la finca vitícola más grande de Galicia, con más de 150 hectáreas de viñedo. “A partir de ahí ya no importó ni que fuera joven ni que fuera mujer, aunque a un hombre joven no le habría pasado nada de eso. Pero mira, algo cambió en la mentalidad de la gente”.

La casa invisible

Como tantas otras cosas en su vida, la casa donde hoy vive y trabaja, en el valle del Avia y a un paso del monasterio de San Clodio, no fue una decisión planificada. La encontró casi por azar en el año 2000, justo después de liberarse de un marido violento. Xulia buscaba un nuevo comienzo y un lugar donde guardar herramientas y aperos tras quedarse con la empresa. “Pasé un día de tormenta y se me cayó un tablero delante del tractor. Frené pensando que era un animal y vi un cartel medio borrado que ponía ‘se vende casa y finca’”.

No se veía ninguna casa, solo matorral y bosque. Llamó durante días a un número apenas legible hasta que alguien respondió desde Vigo. “Me dijo: la casa está ahí debajo, pero no se ve. Entre usted”. Cualquier otra persona se hubiera dado media vuelta, pero Xulia volvió aquella misma tarde con una hoz y un traje de aguas. Durante varios días no encontró nada, hasta que bajando por un sendero de roca se golpeó la cabeza. “Miré para arriba y dije: coño, la casa. Sí que estabas”.

Firma el artículo: Yolanda Ortiz de Arri.  Puedes leer el artículo completo en Spanish Wine Lover

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